Mostrando entradas con la etiqueta Textos/Comentarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Textos/Comentarios. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de diciembre de 2009

EN TORNO A PROTEO




EN TORNO A PROTEO es el conjunto de mis reflexiones sobre la poesía. Pienso publicarlas en forma de opúsculo en el momento que las dé por concluidas. Mientras tanto, las compartiré cada lunes, una a una, con mis lectores. (AA)

1

Si la palabra es oral, dura lo que el sonido en el viento. Si escrita, lo que dura la materia donde se graba. No obstante, el hombre aspira a que su palabra permanezca, lo cual es posible sólo en dos lugares: en la memoria y en el corazón de los hombres. Dos lugares donde sólo prevalece la palabra esencial. Y ésa es la palabra del poeta.

2

La poesía vive una vida implacable. Todos sus actos son certeros, orgánicamente necesarios, inequívocos. La ambigüedad o el error la fulminan. Los poemas que se escriben para engendrar esa vida están armados contra la muerte. Ninguna sombra puede ocultarlos; ningún límite, detenerlos.

3

En Borges se cumple, mejor que en nadie, el aserto de Toymbee de que la historia es hija de la mitología. Borges transparenta la historia hasta dejar visible la fuente mágica de donde ella emana. Sus poemas nos revelan que el tiempo pertenece definitivamente al misterio. Nos devuelven a las orillas de un presente precario, en donde descubrimos otra vez que somos y no somos, es decir que no tenemos historia, que estamos viniendo todavía del sueño y de la sombra.

4

El poeta no afirma, el poeta interroga. Toda la poesía no es más que una inmensa pregunta en busca de la Respuesta. Pero ésta jamás se produce. Detrás de la vida, de la muerte y de la nada, mora el irritable Proteo y sus infinitas figuras. Nunca sabremos quién es ni cómo es. La poesía es inoportuna porque siempre pregunta.


jueves, 19 de noviembre de 2009

USA: El país donde separan a las almas


Acabo de entrar en la casa nuestra, querido Alberto, y me ha encantado. Puedes si lo deseas ofrecer hospedaje a este o a cualquiera de mis artículos. Esta vez no voy a Trujillo porque mi tiempo en el Perú será muy breve. Espero que nos veamos la próxima. Abrazo fraterno.


EDUARDO

Con este mensaje, va también la invitación a visitar mi página web:
www.elcorreodesalem.com



Por Eduardo González Viaña

Hace poco en Texas me mostraron fotos de un cementerio por en medio del cual pasa una cerca de aquellas que se usan para contener al ganado. De un lado, están sepultados los gringos, y del otro duermen los difuntos que en vida hablaron castellano, y a quienes la terminología racial de este país llama los "hispanos".
No se me explicó quiénes llegan al cielo primero porque, obviamente, no hay fotos de ese acontecimiento, ni mucho menos estadísticas, aunque es de presumir que en los
Estados Unidos, un país tan obsesionado por la "raza", el Paraíso debe estar parcelado, reglamentado y posiblemente manejado por burócratas estrictos, respetables y políticamente correctos.
El hecho parece extraño, pero no lo es. Aunque la discriminación es un delito castigado con las más severas penas, la segregación – o sea la separación de la población por grupos étnicos- existe abiertamente en muchas instituciones, e incluso es alentada por legislaciones anacrónicas y por administradores obtusos.
Una sola religión, por ejemplo, mantiene en la misma ciudad varios templos distintos que están destinados, uno para los "blancos", otro para los "afroamericanos", uno diferente para los "asiáticos" y por fin, otro para los "hispanos".La excusa que podría darse es la diferencia de idiomas, pero ella no sirve para separar a los "blancos" de los"afroamericanos" que hablan el mismo idioma, ni de los "hispanos" o "asiáticos" que dominan inglés.
En Salem, Oregon, conozco un culto religioso (no diré cuál), cuyo edificio se parece a un centro escolar. Los llamados "blancos" ocupan el salón más extenso que se abre a la entrada principal, pero no a sus vecinos. "Hispanos", "afros" y "asiáticos" tampoco se comunican los unos con los otros, aunque recen al mismo Dios, y aparte de eso sus tampoco compartidos baños rechazan terminantemente el pis interracial.

Aparte de ello, la palabra étnico” tiene aquí un significado especial. Hay restaurantes y tiendas de objetos étnicos, pero se refieren a quienes han nacido o tienen un ancestro en el resto del planeta, menos aquí. "Etnico" es definido por el diccionario como relativo a un pueblo o a una raza humana. ¿Significa eso que los norteamericanos no
pertenecen a ninguna?… Así lo supone la gente común y corriente de este país, pero no tan sólo ellos. Lo peor de todo es que las propias universidades tienen escuelas de "estudios étnicos" en las cuales no se estudia la etnia mayoritaria de este país.
“Diversidad” y “multiculturalismo”, las metas de las universidades implican el respeto por las culturas y los estilos de vida diferentes, lo que es santo y bueno, pero lo que no es
bueno si santo es que ese supuesto respeto, en vez de serlo de verdad, implica casi siempre una suerte de paternalismo y protección por personas a quienes sin decírselo, se les considera inferiores.
La “Ley de Acción Afirmativa” permite que los llamados “alumnos de color” puedan entrar en las universidades con una nota promedio mucho menor que la que se les exige a los “blancos”. Se aduce que los “color students” son más pobres, pero en ese caso debería de pensarse en estímulos económicos para los buenos alumnos sin distinción de que ellos sean blancos, negros, azules o colorados, y ese no es el caso.
La “acción afirmativa” se funda en la insultante premisa de que ciertos grupos étnicos -los hispanos y los negros- son inherentemente inferiores a los otros. Basados en la raza, los reclutadores que van a las escuelas a buscar jóvenes “de color” les ofrecen que- debido a su grupo étnico o a su origen geográfico- su admisión en el campus dependerá de un standard más bajo como si su inteligencia fuera necesariamente menor o padecieran de minusvalidez en el cerebro.
Si la diversidad y el multiculturalismo tan predicados fueran completamente sinceros, los norteamericanos tendrían una forma de resolver algunos de sus mayores problemas. Su educación, por ejemplo, fue declarada en crisis por el presidente Clinton y lo es todas las veces en que se comente algún crimen en las escuelas. Tal vez podrían estudiar los postulados tradicionales de la mayoría de los países de la otra América que, en vez de considerarla un negocio, confieren a la educación una concepción humanista y la perciben como un derecho de la persona humana.
En Estados Unidos, hay leyes draconianas contra discriminación, pero la segregación existe en la ley y en creencias inconfesas aunque muy arraigadas. Ojalá que la nueva administración contribuya a levantar las cercas que separan a las almas en el más allá. Si la ignorancia lo impide y la división persiste, el cementerio seguirá creciendo hasta abarcar también los corazones de quienes todavía estamos vivos.

INTUICIONES FORJADAS A FUEGO: LA DANZA FINITA DE STANLEY VEGA


Luis Fernando Chueca

El epígrafe de Whitman sin duda marca el recorrido de esta Danza finita (Hipocampo editores, Lima 2009). “¿Qué es un hombre, realmente? ¿Qué soy yo?” Y es que, con tono entre aforístico y epigramático, con serenidad y precisión, los poemas de Stanley Vega hurgan en la respuesta (las respuestas) de esas gigantescas e interminables interrogantes. Los textos se deslizan entre dos formas de concebir la vida, ambas marcadas -como lo anuncian los dos poemas iniciales- por la presencia del corazón: en la mochila o bajo los zapatos. Sentir es, pues, palabra clave en este libro que recupera un lirismo fino y sin desbordamientos, directo y agudo como un puñal que atraviesa la propia sombra, como propone uno de los poemas. Esas dos formas, que mencioné, de entender la vida y a sí mismo, son la del escepticismo, casi puro nihilismo, que niega la importancia del mundo, incluso su realidad (“Esta piel / es una parte más / de toda esta ficción inefable”; “La realidad / es una enorme parte / de toda esta gran mentira”), que desnuda la fragilidad de los lazos que unen al hablante de los poemas a esta vida (“La tierra me es /completamente ajena”) y anuncia el sinsentido y la posibilidad del acabamiento (“No quiero depender del aire”; “El vacío crece hacia adentro”; “Jamás he pensado residir sobre este fragmento del mundo”). La otra vía es la de la celebración: la plácida contemplación y la expresión del deseo y el amor (“Observar la manera / en que el viento / desviste poco a poco / tu cuerpo / y cómo esa flor / apetecible / tiernamente / cae / hacia el césped / oscuro / de mi sexo”; “Y de pronto / te has dado cuenta / que lo único / que nos queda / es el agradable olor de la tierra mojada”; “A un refresco de lima / sabía tu cuerpo. / A un refresco de lima / bajo una mañana de verano / frente al mar”).

Sin embargo, a pesar del contrapunto que establecen estas dos maneras de estar en el camino de la vida (en este poemario en que la vida es representada muchas veces como tránsito), pronto esta impresión bipolar (surgida a partir de la lectura de los primeros diez o doce poemas) evidencia su fragilidad o su condición irreal y se observa que esos poemas de celebración y plenitud no desvían, en realidad, al yo del poema de su lectura fundamental acerca del hombre y la existencia. Esos remansos apacibles son apenas eso, remansos, plácidas y efímeras estancias en un camino ominoso que se sella con el contundente último poema: “Hemos surgido / de la voluntad / de la nada y a la nada / hemos de volver / sin piedad /ni misericordia”. Incluso, esta sublime placidez y la plenitud obtenidas por instantes son motivos para provocar la decisión de salir del entramado de la vacuidad cotidiana y no dejarse engañar más por la abominable realidad. La belleza del momento que provoca esto es perfecta, justamente, por contraste: “Era tu silueta / un mar anochecido. / Lugar perfecto para suicidarse”.

La sencillez del lenguaje de los poemas de Danza finita no nos debe confundir. Sencillez no es simpleza o recorte de las honduras necesarias. La profundidad de las preguntas de Whitman (“¿Qué es el hombre, realmente?, ¿Qué soy yo?”), exige un afrontamiento sin retoques o adornos; por eso el valiente desnudamiento expresivo de estos poemas, que conduce a la mayor claridad de la respuesta. Las vetas y aristas del recorrido de Stanley Vega en este libro, los fragmentos de respuestas que son sus 42 poemas, exploran, pues, varios de los ángulos de la existencia humana: el descreimiento, la fugacidad de la dicha, la plenitud del instante, la soledad, la condición efímera del hombre, la dificultad para hallar sentidos suficientes o perdurables, la belleza y el disfrute, la agonía ante la nada ... Pero dar respuestas, o retazos de ellas, no quiere decir hallar la respuesta que pueda postularse como nueva y única verdad, con suficiencia casi doctrinaria. Stanley Vega sabe eso y nos regala en este libro, más bien, intuiciones forjadas a fuego en el corredor implacable que es la vida. Atisbos duros pero bellos que interpelan y emocionan. La palabra se convierte así, diríamos, en otro de los instantes de plenitud que la vida del hombre requiere y no puede ni debe abandonar.

lunes, 16 de noviembre de 2009

CIRO ALEGRÍA A CIEN AÑOS DE SU NACIMIENTO


Casa Nuestra Editores se aúna a la celebración del centenario del nacimiento del novelista liberteño Ciro Alegría. Esta vez queremos recordarlo a través de una vieja publicación (Revista “Runa” del INC, 1978), de la cual extractamos fragmentos de las declaraciones de su esposa, Dora Varona, su compañero de prisión José Castro y el escritor Francisco Izquierdo Ríos.



DORA VARONA: “Era un ser supersensitivo. Era sumamente tierno; era capaz de hacer cualquier cosa por una persona. La gente siempre lo vio a distancia, pensando que tenía que ser difícil y raro por ser un monstruo de la literatura. Cuando yo me enamoré de Ciro fue sobre todo por su sencillez, porque sabiendo quién era, no se mostraba ni engolado ni pedante, era fino y campechano. Ciro tenía el defecto de una excesiva generosidad: Ciro podía quedarse sin nada porque así era feliz”.



JOSÉ CASTRO: “Ciro cayó (en prisión) con un tío por Celendín; estaban condenados a pena de muerte, pero se las conmutaron por la de prisión. Ahí lo vine a conocer bien a Ciro, en el Panóptico. Era un jovencito muy entusiasmado, muy inteligente, un poco cochino, no se aseaba y se había dedicado a fumar cigarrillos. A él no lo visitaba nadie, lo único que tenía era la visita de las muchachas. En la cárcel Ciro tenía bastantes enamoradas, es decir teníamos porque se llenaba la prisión de las muchachas que querían conocer a los revolucionarios de Trujillo.”




FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS: “Subimos a un pueblecito ya al anochecer, donde (Ciro Alegría en su condición de diputado por Acción Popular) tenía que inaugurar una planta de energía eléctrica; otra vez los discursos del ministro y compañía. Yo me alejé y me fui a una tiendecita del pueblo. Cuando terminó la ceremonia Ciro no me encontró y en medio de la oscuridad de la noche escucho una voz, la de Ciro, que gritaba: “¡Pancho Izquierdo, ven, ya podemos hablar de nuestras cosas, ya se fue el ministro.”



Vea aquí escenas previas al homenaje realizado en la Casa de la Emancipación, con presencia de Dora Varona, viuda del novelista, el pasado 13 de noviembre de 2009.